Un sueño, un pensamiento, un mensaje, una coincidencia, un recuerdo inesperado.
Infinitas son las causas que la pueden producir. Puedes quedar ahogado de repente en un recuerdo, pero hay días en los que parece que la nostalgia te envuelve por todas partes y no está en tu mano evitar que tu humor o quizás tu corazón se vea afectado.
Unos críos en clase, sus risas, su despreocupación, su inocencia, miras hacia atrás y te ves allí en esas pequeñas mesas verdes acompañadas de sus sillas incómodas, lo cual en su momento no tenía importancia alguna, y sientes que el tiempo pasa e incluso está pasando mientras escribo esto. Echas de menos ser esos niños.
Sin embargo hay algo aún peor que echar de menos momentos, es echar de menos a personas, esas que llegaron de repente tal y como se fueron, esas con las que te prometiste mantener el contacto, pero no lo hiciste. Y ahora cuando lo piensas te invade la culpa por no haberlo hecho y te preguntas si es tarde, te preguntas por qué dejasteis pasar el tiempo, sin maldad, pero el tiempo se fue.
Pero somos jóvenes y la vida se asemeja a un hotel, la gente entra y sale, pero la diferencia es que algunos se quedan, los que valen, los que creen que vales.
Y ¿Por qué vivir con culpa? Somos libres, tan libres y afortunados que con escaso esfuerzo podemos volver a abrazar a los que dejamos por el camino si lo necesitamos, pero no siempre es lo mejor, a veces lo mejor es no anclarse en el pasado, en lo pasado y mirar hacia delante.

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